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EDITORIAL AGOSTO 2008 Imprimir E-Mail
Escrito por Impacto   
martes, 09 de septiembre de 2008
Editorial AgostoTenemos muchas razones para alabar a nuestro Creador. Nos ha salvado, sanado y bendecido; pero también tenemos que amarle con profundo amor, de corazón, estar enamorados de Dios para poder desear estar en el lugar santísimo y levantar las manos y adorarle en espíritu y verdad. No por lo que Él nos ha dado sino por lo que Él es. Él es Dios y nosotros sus criaturas por lo tanto le debemos adoración.
El libro de Isaías 52:2 dice el Señor a su pueblo a través del profeta “Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén, suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sión”. Note que Dios le dice al pueblo que se sacuda, que se levante, que se siente y suelte las ataduras; sin lugar a dudas Dios quiere que nosotros hagamos lo que corresponde. El Señor no dice le voy a soltar las ataduras, sino que da una orden, “suelta las ataduras de tu cuello” es usted el que tiene que romper con esas ataduras, compromisos, y esas amistades que lo tienen atado, que no lo dejan adorar a Dios. ¿Qué le ha robado el fervor de venir a darle gloria y alabanza a Dios?

Es usted quien tiene que romper las ataduras, amado hermano, no se enamore haciendo yugo desigual no se deje llevar por emociones. Rompe con las cadenas para que quedes libre y el espíritu sople de los cuatro vientos y te de nueva visión.

¿Quieres vida? Rompe las ataduras, rompe también la máscara que te colocas para venir al culto. Basta ya con la hipocresía religiosa, tenemos que volvernos a Dios y romper las cadenas para que fluya su gloria y nos santifique. El quiere separación total del mundo para que la gloria de Dios descienda sobre tu vida.