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EDITORIAL OCTUBRE 2008 Imprimir E-Mail
Escrito por Impacto   
lunes, 27 de octubre de 2008

EDITORIAL OCTUBRE 2008

El Señor le habló a Josué de éxitos, de prosperidad y de victorias incomparables, pero, todo aquello estaba supeditado a la obediencia. Josué tendría que permanecer en obediencia, en fidelidad, en humildad y cumplir a cabalidad con los propósitos que Dios le había revelado. ¿Para qué Dios nos ha llamado? ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar? Simplemente tenemos que esperar hasta que Dios ordene que iniciemos la marcha.

Al cumplir con esto, Josué tenía por seguro el triunfo y la victoria contra sus enemigos. No obstante, Josué, cometió un grave error, y así comenzó a desgranarse su testimonio como líder. Cuando vinieron los gabaonitas, Josué no consultó a Dios, sino que tomó determinaciones apresuradas. Si Josué hubiese orado, Dios le hubiera revelado que los gabaonitas eran enemigos del pueblo de Israel. Mas Josué pensó que él era una persona experimentada, que lo sabía todo y que no tenía por qué orar cuando algo le parecía evidente e insignificante.

Las decisiones que tomamos hoy tendrán repercusiones en nuestro futuro. Josué pactó con los gabaonitas antes de haber consultado a Dios, y de haber investigado sobre ellos. Lo hizo por su cuenta y al día siguiente se fijo que habían hecho alianza con los próximos enemigos que tenían que eliminar. Tuvieron que perdonarlos, y los gabaonitas se convirtieron en un problema para Israel. Los gabaonitas, en efecto, introdujeron la disensión entre los jefes de las tribus.

Por eso, mis queridos hermanos, antes de apresurarnos a hablar, a tomar decisiones aunque éstas parezcan insignificantes, vayamos y consultemos a Dios. Si lo hiciéramos, nos evitaríamos problemas y dolores de cabeza, es más, evitaríamos ser una piedra de tropiezo para otros. A veces nuestra impaciencia, la falta de una verdadera vida espiritual y de una relación genuina con Dios nos llevan de cabeza al fracaso.

Dios permite situaciones y aparentemente se queda sin actuar, para probar nuestra paciencia y nuestro grado de espiritualidad, nuestra limpieza y nuestra lealtad ante su presencia. Para no fallar. Así que, debemos adquirir madurez y espiritualidad.