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LA PRIMERA ETAPA DEL MINISTERIO EN GALILEA Imprimir E-Mail
Escrito por Impacto2   
martes, 19 de enero de 2010
Índice del Artículo
LA PRIMERA ETAPA DEL MINISTERIO EN GALILEA
Página 2
La primera etapa del Ministerio en GalileaLos cuatro evangelios señalan que Jesús pasó más tiempo ministrando en Galilea que en cualquier otra parte de Palestina. Allí realizó sus grandes milagros e impartió la mayoría de sus sublimes enseñanzas. Allí fue donde las grandes multitudes se agolparon para escucharlo. Durante este período, su actividad era incesante y su fama resonaba a todo lo ancho del país. Luego disminuyó su popularidad, aumentó la oposición, y finalmente sus enemigos lo llevaron a la cruz.

A. El período de gran popularidad

1. Jesús se instala en Capernaum (Mateo 4:13-17; Marcos 1:14b-15; Lucas 4:31a). Después de ser rechazado en Nazaret, Jesucristo estableció su residencia en Capernaum, ciudad situada en la ribera occidental del mar de Galilea. Hasta hace poco se desconocía su ubicación exacta. Era uno de los centros de actividad comercial de la región, por lo que se prestaba a servir de base para las actividades de Cristo en las otras ciudades de la cuenca del lago y para sus viajes a todos los rincones de la provincia.

En el ministerio realizado por Jesús dentro de este territorio, que originalmente había pertenecido a las tribus de Zabulón y Neftalí, Mateo ve el cumplimiento de una antigua profecía que se encuentra en Isaías 9:1, 2. El profeta había predicho que estas tribus, que habían sufrido terriblemente con las invasiones de los asirios, serían liberadas. Una gran luz resplandecía en medio de las tinieblas.

La imagen que presenta la profecía es la de unos viajeros que se extravían en la densa oscuridad y sobre ellos vuelve a brillar la luz de la aurora. Mateo emplea la figura de las tinieblas para simbolizar la ignorancia espiritual, el pecado y la angustia de los habitantes de Galilea. En Capernaum había resplandecido la luz de manera especial, pues pobladores habían presenciado más milagros que los de ninguna otra ciudad. Sin embargo, no se habían convertido. Por tanto, sobre ésta recaería el juicio más severo del Señor (Mateo 11:23-24).

“Desde entonces comenzó Jesús a predicar”. El vocablo “predicar” significa “proclamar”, “publicar”, “declarar”.

2. Jesús llama a los primeros discípulos (Mateo 4:18-22; Marcos 1:16-20; Lucas 5:1-11). Jesús estaba consciente de que la permanencia de su obra dependía de que preparara obreros espirituales capaces de continuar lo que Él había comenzado. La conservación de los resultados y el crecimiento del cristianismo dependen siempre de que se consigan hombres preparados para llevarlo adelante. Por tanto, llamó a cuatro pescadores para que lo siguieran y aprendieran de Él.

El escenario de este llamamiento fue la orilla del lago de Genesaret o mar de Galilea. Esta extensión de agua tiene 21 kilómetros de largo por unos 13 de ancho. Se halla a 208 metros bajo el nivel del mar, por lo que tiene un clima casi tropical. En las riberas occidental y septentrional se hallaban las ciudades donde Jesús ministraba; la parte oriental estaba casi deshabitada y ahí era donde solía retirarse para descansar.

Los cuatro pescadores estaban aprovechando el sol de la mañana para limpiar sus redes. Eran dos parejas de hermanos, y tres de ellos (Andrés, Simón Pedro y Juan) ya se habían convertido en discípulos de Jesús en Betania (Juan 1:35-42), pero no habían abandonado totalmente su próspero negocio de pesca. En el pasado habían seguido a Jesús de vez en cuando, retornando siempre a sus quehaceres. Ahora el Señor les exigía una consagración integra y permanente. La pesca milagrosa hizo comprender a Pedro que Jesús ejercía dominio sobre la naturaleza; era una manifestación del poder divino y de la gloria de su Maestro. La comprensión de esta realidad hizo que Pedro se sintiera sobrecogido, y adquiriese conciencia de su indignidad y su pecado. Los cuatro pescadores dejaron su trabajo para seguir a Cristo y prepararse a ser pescadores de hombres.

De este episodio se desprenden algunos principios espirituales.

a) El llamamiento de Cristo se relaciona con la enseñanza de la Palabra de Dios. Cristo la había enseñado antes de invitar a los pescadores a seguirle constantemente como discípulos. Sólo los que reciben la palabra, oyen el llamamiento divino.

b) Jesús pide prestadas las cosas pequeñas antes de exigir una consagración total. Le pidió el uso de su barca de pescador a Pedro antes de hacerle el reto de seguir en pos de Él. Si no estamos dispuestos a prestarle al Señor las cosas pequeñas, es improbable que oigamos su llamamiento para servirle de lleno.

c) Una multitud de fe y obediencia es la mejor preparación para realizar milagros. Pedro le podía haber dicho: “Mira: tú eres carpintero y no pescador; por eso ignoras que no es hora de pescar”. Sin embargo, sólo le dijo: “Hemos trabajado toda la noche y nada hemos pescado, mas en tu palabra echaré la red”.

d) El milagro que tiene lugar sirve como parábola; es una lección objetiva. La gran pesca milagrosa simboliza el éxito espiritual que tendrían los discípulos. La promesa acompaña siempre al mandato: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Dios nos llama a una magna y gloriosa empresa redentora.

3. Jesús realiza milagros en Capernaum. Jesús comienza ahora una evangelización intensa y sistemática de Galilea. En este ministerio utiliza las sinagogas de los judíos, las casas particulares, las riberas del lago de Genesaret y las regiones montañosas. Sus milagros apoyan y explican su mensaje. Las multitudes se agolpan para escucharle, pero desgraciadamente poca gente comprende que está ante la presencia del Hijo de Dios. Los evangelistas nos cuentan los incidentes o etapas de su ministerio.

a) Jesús libera a un endemoniado (Marcos 1:21-28; Lucas 4:31-37). Lucas y Marcos se interesan en el uso correcto del día de reposo. En un día de descanso, Jesús se encontraba en la sinagoga de Capernaum enseñando. “Se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad”. No enseñaba como los escribas, que explicaban la Ley de Moisés citando las decisiones de los rabíes y tribunales famosos, o las tradiciones de los ancianos que les habían sido transmitidas. Jesús no citaba las enseñanzas de otros, sino que “sacaba el verdadero sentido espiritual de las Escrituras sin alegar más autoridad que la suya propia”. Las verdades que hablaba el Señor llegaban hasta la conciencia y el corazón en forma tan directa e inequívoca que los hombres se convencieron de que tenían ante ellos a la sabiduría divina. “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46).

Es de notar que el primer milagro descrito por Marcos y Lucas es el que demuestra el poder del Señor sobre el mundo invisible de los espíritus. El relato señala de dónde procedía la enemistad contra Jesús y muestra su poder irresistible para librarnos de las fuerzas de las tinieblas. También nos hace recordar que el Hijo de Dios “apareció para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8).

La mente moderna encuentra difícil creer en la existencia de demonios y en la posesión demoníaca. Todo esto se atribuye a las supersticiones de aquellos tiempos. Se piensa que los endemoniados del Nuevo Testamento deben de haber sido personas que sufrían de alguna manía o desequilibrio mental, o bien que eran epilépticos o dementes. Se dice entonces que Jesús se acomodó a la opinión popular, aunque sabía que aquellos seres no existían. De ser esto cierto, ¿no quedaría Jesús como un hipócrita? No se pueden negar la existencia de demonios sin desacreditar la inspiración de los evangelios y la integridad personal e inteligencia de Jesucristo. Además, actualmente hay tantos casos de posesión demoníaca que no necesitamos más evidencias.



 

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