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HUYENDO DE NUESTRA PROPIA SERPIENTE Imprimir E-Mail
Escrito por Impacto2   
lunes, 08 de febrero de 2010

Rev. Carlos GuerraPor: Rev. Carlos Guerra, Supervisor Nacional de los Estados Unidos de América

“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”, Éxodo 4:1-4.

El llamado de Moisés y las excusas que él presentó a Dios cundo le llamó, nos muestra que rehusarse o renunciar al llamado que Dios le hace a un hombre o a una mujer, acarrea funestas consecuencias. Dios quiere que en lugar de rehusarnos a hacer lo que nos haya enviado, actuemos y vayamos conforme el Señor quiere que lo hagamos. Que en lugar de enterrar el talento o la habilidad, el liderazgo o el sublime llamado que nos ha hecho, lo usemos. Que crezcamos en Él, en obras; que crezcamos en autoridad, que crezcamos en fe, en talento, en limpieza, en santidad, en poder y autoridad de su fuerza.

El llamado a Moisés fue uno divino, y sabemos como Dios utilizó algo tan sencillo como una zarza, no había nada sobrenatural en una zarza que se encendiera. En el oriente por el calor, cuando el sol está en su cenit, normalmente las zarzas se encendían pero al rato se consumían y se apagaban. Pero esta zarza era diferente porque no había sido encendida por el sol natural, ni por ningún hombre, sino por la mano del Dios que habita en los cielos y en la tierra.

El llamado de Dios a Moisés fue un privilegio, pero él en lugar de correr a aceptarlo comenzó a presentarle excusas a Dios, diciendo: “He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová” (Éxodo 4:1). Y Dios le escuchó, le dejó que presentara todas sus excusas, y luego le preguntó: “¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara” (Éxodo 4:2). Y a ti te pregunto: ¿Qué tienes a mano mujer de Dios, hombre de Dios? ¿Qué tenemos a mano? Moisés tenía a mano una vara. La vara representa autoridad, liderazgo, talento, dones que Dios ha depositado en tu vida, responsabilidad que Dios ha puesto en tus manos y llamado de Dios. Y Dios le dijo: “Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella” (Éxodo 4:3). El Señor nos dice: echa ese talento, echa esa habilidad, tira ese llamado, tira esos dones, tira esa vara. Y Moisés obedeció, y la vara se convirtió en serpiente y nos dice la Escritura que Moisés huía de ella.

En este pasaje aprendemos cinco verdades: 1) Dios llama a hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos; 2) Dios conoce a los que llama; 3) y aquel que ha sido llamado puede decir sí o no; 4) si dice no, esto puede acarrear funestas consecuencias a los rebeldes y a los que se rebelan a la verdad y autoridad de Dios; 5) a los que dicen si, en Dios harán proezas. Los llamados relativamente son diferentes para cada persona, porque todos somos diferentes. Diferentes culturas, razas, gustos, diferentes maneras de reaccionar y diferentes formas de pensar.

A un hombre llamado Noé, Dios lo llamó para edificar un arca en que su familia fuese salva. Luego llamó a Moisés, para ser el libertador de su pueblo cautivo por cuatrocientos treinta años en Egipto. A Josué lo llamó como un tremendo sucesor; a Débora la llamó como una gobernadora, como jueza, como profetiza, como esposa y como compositora. A jeremías lo llamó para que orara y llorara. A Elías lo llamó el Señor para desafiar el espíritu de Jezabel y para desenmascarar a los falsos profetas de Baal, que hablaban visión de su propio corazón, pero no de la boca de Jehová. A Daniel como jefe de estado, para gobernar como primer ministro de una nación. Al apóstol Juan Dios lo llamó como escritor de libros. Al apóstol Pablo como misionero. A Felipe como evangelista. Dios llama a hombres y a mujeres, y tiene un genuino llamado para más de un hombre y más de una mujer, los cuales han sido desconocidos para el mundo, Él los va a arrestar, los ha de limpiar, los va a meter mar adentro y les va a tirar las redes. En el Evangelio según San Mateo 9:37, Jesús dijo: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos”.

En Lucas 5:1-11, leemos: “Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”. A Pedro se le hundía el bote, tanto que tuvo que llamar a otro, su bendición era tan grande que no solo se llenó su bote sino que pudo llenar otro bote. La bendición que viene sobre el mundo entero es tan grande que si usted no le dice heme aquí Señor, Él encontrará su sustituto. Dios está capacitando personas las cuales ocuparán tu lugar, y lo está haciendo ya. Ubícate y toma tu lugar.

“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí” (Éxodo 3:4). Dios lo llamó por su nombre porque sabía quién era Moisés. Dios sabía exactamente lo que él había pasado cuando era niño, de adolescente, también sabía que había matado a un hombre, que era un asesino huyendo de la ley; Dios conocía los defectos de Moisés. Dios no ignora quiénes somos ni donde vivimos; no ignora lo que hablamos, lo que pensamos; tenemos a un Dios personal. Pero con todo esto Dios respeta el libre albedrío. Él te llama pero también respeta si le dices sí, o si le dices no. Si tiras tu llamado al suelo y renuncias al cargo que Dios te ha depositado, llámese por el nombre que sea, si tiras tu responsabilidad por el suelo se te convierte en una serpiente, te va a morder y te va a inyectar el veneno y vas a morir. No podemos decir que no. Tenemos que decir: ¡Heme aquí Señor! Si le dices si, el Señor cumplirá sus promesas contigo.

Tal vez el diablo te está presionando para que tires al suelo y renuncies a tu llamado, escucha la voz de Dios que te habla, no tires la vara al suelo, no lo hagas, aunque la gente no te comprenda, aunque se levanten celos ministeriales, aunque te señalen, o te hagan la vida imposible. ¿Qué hacía David cuando Saúl le intentaba matar? David se quitaba el tiro, evadía las lanzas, e imagino que tocaba más rápido el arpa para espantarle los demonios de Saúl, pero nunca renunció a su puesto, David perseveró, aunque lo criticaban y lo celaban pero nunca tiró su vara al suelo. Nunca renunció, nunca causó división, ni tocó al ungido de Jehová.

El profeta Elías tiró su manto al suelo, se sintió frustrado, amenazado por la endemoniada de Jezabel. Tiró su manto al suelo y el mismo se le convirtió en una serpiente de depresión. Si has sido tentado para tirar al suelo tu llamado, o si tal vez ya lo hiciste, puedes correr rápido y tomar la vara, para que deje de ser serpiente y se convierta de nuevo en una vara, en una autoridad, en el liderazgo, en el llamado, y en la bendición que Dios da porque Él te va a usar.

En todos los años de pastorear, de ministerio y en muchos años de ser salvo, nunca he visto a un hombre o una mujer que haya renunciado a algo que Dios le haya dado y que le haya ido bien. La solución es levantar la vara y decir aquí estoy Señor, ciertamente viene el Faraón atrás, pero en Dios haremos proezas. Hombres y mujeres que habían tirado su vara, recapacitaron, volvieron a tomarla y Dios los usó. Jonás tiró su vara al suelo y fue tragado por un pez grande que lo llevó hasta el fondo del mar, pero Jonás recapacitó y Dios lo usó. Pedro que había dicho que nunca iba a negar al Señor, y que siempre estaría con Él en las buenas y en las malas, a la hora de la verdad tiró su vara al suelo.

Pedro tiró su vara al suelo y por unas horas le tocó huir de su propia serpiente y llorar la amargura de ser perseguido por ella, pero luego recapacitó e hizo como Moisés, tomó la serpiente por la cola y volvió a levantar su liderazgo, llegando a ser el tremendo apóstol Pedro, columna en el cuerpo de Cristo. Así como usó la vara de Moisés; las trompetas de Gedeón; la quijada de asno en el caso de Sansón; la intercesión y la valentía de Esther; así como usó la estaca de aquella mujer Jael para matar a Sísara; como usó la mula de Balaam; así como usó el gallo para hablarle a Pedro; Dios quiere usar nuestra vida, nuestra vara.

¿Qué tienes a mano? Si trabajas limpiando el templo, no tires tu escoba al suelo; si eres de los diáconos que acomodan sillas, no tires la silla; o si eres de los que toca guitarra, no tires la misma al suelo, levántala y trabaja. Si estás a punto de tirar tu vara, o si ya has tirado la misma ¡desiste! El Señor te está esperando para fortalecerte, aquí te está esperando tu vara, no te atrevas a renunciar. Si tu vara se ha convertido en una serpiente, pero todavía no te ha mordido, no huyas de ella, tómala por la cola porque Dios te sacará restaurado. Amén.
 
 

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